Hoy te queremos enseñar todo lo que ver en Maastricht, una coqueta ciudad situada al sur de los Países Bajos, muy cerca de las fronteras con Bélgica y Alemania.
Maastricht combina el ambiente elegante de una ciudad histórica con un buen ambiente gracias a su animada vida universitaria.
Aunque muchas veces queda eclipsada por ciudades neerlandesas más conocidas como Ámsterdam o Utrecht, Maastricht tiene personalidad propia. Aquí la arquitectura sorprende y, además, es una ciudad perfecta para descubrir caminando, ya que la mayoría de sus imprescindibles se encuentran en el centro histórico.
En esta guía de Maastricht te contamos todo lo que ver y hacer en la ciudad, los rincones imprescindibles, dónde alojarse, qué probar en su gastronomía y algunas excursiones interesantes para completar la visita. Si estás preparando una ruta por los Países Bajos esta puede convertirse en una de tus grandes sorpresas.
Dónde está Maastricht y cómo llegar
Maastricht es la capital de la provincia de Limburgo, en el extremo sur de los Países Bajos, justo en la frontera con Bélgica y a poco más de una hora de Alemania. El río Mosa la divide en dos orillas: el casco histórico queda en la oeste, y el barrio más moderno en la este.
Nosotros llegamos en coche, que es sin duda la opción más cómoda si estás haciendo ruta por la zona. La ciudad tiene varios aparcamientos de pago bien situados junto al río Mosa, en la zona de la Maaspromenade, desde donde al centro se llega en pocos minutos a pie.
Una vez dentro, el centro histórico es completamente plano y compacto. Todo lo que ver en Maastricht está a distancia de paseo.
Maastricht se disputa con Nimega el título de ciudad más antigua de los Países Bajos. Los romanos la fundaron hace más de dos mil años en el lugar donde la calzada romana cruzaba el río Mosa.
En 1992, en Maastricht se firmó el tratado que dio origen a la Unión Europea tal como la conocemos hoy. Los doce países miembros de la antigua Comunidad Económica Europea acordaron crear una unión política y económica con moneda común y libre circulación de personas. El resultado fue el euro y el espacio Schengen, todo lo que hoy damos por sentado cuando viajamos por Europa.
Qué ver en Maastricht
A continuación, te contamos todo lo imprescindible que ver en Maastricht. Durante nuestra visita disfrutamos especialmente de lugares tan emblemáticos como la plaza Vrijthof, la basílica de San Servacio, o la espectacular librería Boekhandel Dominicanen, instalada en una antigua iglesia. Tampoco nos faltaron algunas terrazas junto al río ni los paseos por las pequeñas callejuelas llenas de encanto que invitan a perderse sin rumbo.
El Stadhuis, el ayuntamiento en el centro de la plaza Markt
La visita al casco histórico empieza de forma natural en la plaza Markt, y lo primero que ves al entrar es el ayuntamiento justo en el medio.
El edificio fue construido entre 1659 y 1664 y es uno de los ejemplos más destacados del clasicismo holandés. La torre, que se completó en 1684, lleva un carillón de 49 campanas tocadas por el campanero los sábados.
En la fachada de piedra, hay figuras esculpidas, entre ellas la doncella de la ciudad flanqueada por Marte y Minerva. El interior, decorado con tapices del siglo XVIII, estucos, pinturas en los techos y chimeneas, solo se puede visitar con guía oficial, ya que el edificio sigue siendo el lugar de trabajo del alcalde y los concejales.
La Boekhandel Dominicanen, la librería instalada en una iglesia gótica
Muy cerca del ayuntamiento, está uno de los lugares más llamativos que ver en Maastricht: una librería instalada dentro de una iglesia gótica del siglo XIII.
La iglesia perteneció a la orden de los dominicos y funcionó como tal hasta 1796, cuando las tropas francesas tomaron la ciudad. A partir de ahí pasó por usos de lo más variado, transformándose en el año 2006 en librería.
Esta reforma se resolvió creando una estructura asimétrica de acero negro de tres niveles dentro de la iglesia, manteniendo un lado con toda la altura original mientras el otro alberga pasarelas y estanterías.
Desde ellas pueden verse de cerca los frescos medievales de las bóvedas, incluido uno de Santo Tomás de Aquino del siglo XIV. Además, el antiguo presbiterio se transformó en una cafetería.
La librería tiene fondos en neerlandés, inglés, francés y alemán, además de música en vinilo, DVD y sección infantil.
El Vrijthof y sus dos iglesias
El Vrijthof es la plaza principal de Maastricht, en el momento de nuestra visita había feria y no pudimos hacer una buena foto general. Es realmente bonita y está rodeada de edificios históricos y terrazas.
La cierran por uno de los lados las dos iglesias más importantes que ver en Maastricht. La basílica románica de Sint Servaas y la iglesia gótica de Sint Jan.
't Preuvenemint, la fiesta gastronómica de Maastricht
A pesar de no poder ver la plaza bien, tuvimos la suerte de coincidir en la plaza Vrijthof con el 't Preuvenemint, el mayor evento gastronómico del Benelux. Se celebra cada año a finales de agosto, durante cuatro días, y transforma la plaza en un enorme espacio de degustación al aire libre con restaurantes, vinos, música y miles de personas disfrutando del ambiente.
Lo recaudado va íntegro a causas benéficas de la región. El ambiente era extraordinario y, si tenéis oportunidad de coincidir con él en vuestra visita, no os lo perdáis.
La basílica de Sint Servaas
La basílica de Sint Servaas es probablemente el monumento más importante que ver en Maastricht. Se construyó sobre la tumba de San Servacio, un misionero armenio que murió en la ciudad en el año 384. Es el santo patrón de la ciudad de Maastricht.
El edificio actual es probablemente la cuarta iglesia levantada en ese mismo lugar, construida en varias fases entre los siglos XI y XII, y se considera uno de los primeros y más importantes ejemplos de arquitectura románica de los Países Bajos. La basílica fue elevada a basílica menor por el papa Juan Pablo II durante su visita en 1985.
Puedes acceder al tesoro, la cripta y el claustro. En la cripta se encuentra la tumba de San Servacio, y se puede ver el nivel original del suelo romano tardío, con varios sarcófagos. El claustro es del siglo XVI y está decorado con 34 capiteles tallados con escenas de bestiarios y textos de San Agustín.
En el tesoro la pieza más importante es el Noodkist, un relicario dorado del siglo XII que contiene los restos del santo, adornado con oro, plata y piedras preciosas.
Cada siete años la urna con las reliquias sale en procesión por las calles de Maastricht en la llamada Heiligdomsvaart.
Visita práctica: La entrada de pago incluye el tesoro, la cripta y el claustro. Vale la pena pagarlo porque sin eso solo ves la nave, que es lo menos interesante.
La iglesia de Sint Jan
Al lado mismo de la basílica está la iglesia de Sint Jan, y el contraste entre las dos es total. Sint Jan es gótica, esbelta, y destaca su torre de casi 70 metros pintada de rojo que domina toda la plaza. Como curiosidad decir que la torre no fue siempre roja, se pintó así en la última reforma.
Fue construida hacia 1200 para dar cabida a los peregrinos que no cabían en la basílica, y se terminó en el siglo XV con la adición del ábside y la torre. En 1633 pasó a ser iglesia protestante, que es lo que sigue siendo hoy.
Dentro hay losas sepulcrales en el suelo con inscripciones de siglos pasados y pinturas murales del siglo XV.
Torres y murallas de Maastricht
En el barrio del Jekerkwartier está la Pater Vinktoren, una torre defensiva del siglo XIV que formó parte del segundo amurallamiento de la ciudad, de la que se conservan restos.
Su nombre viene de un franciscano, el padre Vink, que fue acusado de ayudar a los españoles durante la Guerra de los Ochenta Años y estuvo encerrado en esta torre a la espera de juicio hasta que los propios españoles lo liberaron al tomar la ciudad.
La torre está rodeada por el parque Faliezusterspark, una zona muy tranquila y agradable para pasear o descansar un poco.
A pocos metros se encuentra el Jekertoren, una torre semicircular de más de 15 metros de alto con paredes de 80 centímetros de espesor y tejado cónico cubierto de pizarra.
Junto a estas dos torres está la Helpoort, la puerta de la ciudad más antigua de los Países Bajos construida en 1229. El paseo a lo largo de las murallas del sur es uno de los más agradables de la visita, con el río Jeker (Geer) junto a los muros poco antes de desembocar en el Mosa. Es la parte menos turística y una de las más bonitas que ver en Maastricht.
El río Mosa
Nos acercamos a la orilla del Mosa y desde allí se ve perfectamente el Sint Servaasbrug, el puente de piedra más antiguo de los Países Bajos, construido por primera vez en el siglo XIII y hoy peatonal.
Un buen sitio para hacer una pausa, tomar algo en una de las terrazas de la orilla y ver la ciudad desde otro ángulo.
La Graanmarkt
De regreso al casco histórico de Maastricht pasamos por la animada Graanmarkt, una pequeña plaza peatonal entre la orilla del río y el interior del casco histórico. Ya en el siglo XIII había aquí un mercado de grano donde se vendían cereales a panaderos, cerveceros y ganaderos.
Hoy es un punto de paso animado con terrazas y, podrás ver una gran estrella con la inscripción Maastricht meets Europe. Es una referencia directa al Tratado de 1992 y a la bandera de la Unión Europea.
La basílica de Nuestra Señora, la Onze-Lieve-Vrouwebasiliek
La basílica de Nuestra Señora se construyó sobre un antiguo santuario dedicado a Júpiter. La fachada oeste flanqueado por dos torres cilíndricas fue levantado alrededor del año 1000, reutilizando piedras de la antigua muralla romana. El resto del edificio, la nave y el ábside, es del siglo XII de estilo románico.
El interior fue restaurado entre 1886 y 1916 por Pierre Cuypers, el mismo arquitecto del Rijksmuseum de Ámsterdam. Para ello eliminó el enlucido barroco y redujo el tamaño de las ventanas para recuperar el ambiente románico original.
La capilla lateral dedicada a la Onze-Lieve-Vrouw Sterre der Zee, que significa Nuestra Señora Estrella del Mar. Es el punto más especial del interior y la imagen de María a la que se atribuyen poderes curativos.
La iglesia tiene dos criptas, la este se encuentra bajo el coro, es la parte más antigua de todo el edificio: data del año 1000. La cripta oeste, bajo la torre, es también de época muy temprana, aunque no hay documentos que precisen su fecha.
El Dinghuis – oficina de turismo de Maastricht
Nos gustó el Dinghuis, un edificio gótico del siglo XV que fue construido como palacio de justicia medieval. Tiene celdas en el sótano y una torre de vigilancia de 30 metros desde la que se controlaba toda la ciudad.
Con el tiempo sirvió también como prisión, teatro de marionetas, club de estudiantes y museo. Hoy alberga la oficina de turismo de Maastricht, que es un buen sitio para hacerse con un plano y preguntar por horarios.
El Sint-Amorsplein
Para cerrar el recorrido por el centro, el Sint-Amorsplein es la parada perfecta. Es una plaza pequeña y triangular entre el Vrijthof y el puente de Sint Servaas, muy animada en verano y con terrazas en todos los lados.
Su nombre viene de la Sint-Amorskapel, una capilla medieval que estuvo aquí hasta mediados del siglo XVII, dedicada al santo Amor de Aquitania, un diácono francés que según la tradición vivió hacia el año 700 cerca de Maastricht y murió en la ciudad durante una peregrinación al sepulcro de San Servacio.
En 1951 se instaló en la plaza la estatua de Sant Amor sobre una columna de piedra procedente de la basílica de Nuestra Señora.
Vídeo de Maastricht
Dónde dormir en Maastricht
Nosotros nos alojamos en el Bastion Hotel Maastricht Centrum y lo recomendamos sin dudarlo. Las habitaciones son cómodas y cuidadas, la limpieza es impecable y la situación es inmejorable: en pleno centro histórico, a menos de diez minutos a pie del Vrijthof.
Si llegas en coche, hay un aparcamiento a un paso, lo que en una ciudad como Maastricht es un detalle que se agradece mucho. Y si prefieres el tren, la estación queda a menos de 20 minutos andando. Un hotel práctico, bien ubicado y sin sorpresas desagradables.
Si buscas una opción más económica, el easyHotel Maastricht City Centre es una alternativa muy interesante. Las habitaciones son sencillas pero cómodas, limpias y con todo lo necesario para descansar bien. La ubicación es difícil de mejorar: en pleno centro, a apenas 500 metros del Vrijthof y a 15 minutos en coche del aeropuerto de Maastricht-Aquisgrán. Una opción perfecta si lo que buscas es dormir bien sin gastar de más.
Qué ver cerca de Maastricht
La situación de Maastricht en el cruce de fronteras entre los Países Bajos, Bélgica y Alemania la convierte en un punto de partida perfecto para seguir explorando la región. Aquí van algunas ideas para ampliar la ruta:
Namur es la capital de Valonia y una ciudad con mucho encanto a orillas del Mosa y el Sambre, dominada por su imponente ciudadela. A menos de una hora en coche desde Maastricht.
Dinant es una de esas ciudades que no se olvidan fácilmente: pegada a un acantilado con el río Mosa a sus pies y la Colegiata de Notre-Dame como protagonista. Además es la ciudad natal de Adolphe Sax, el inventor del saxofón.
Lovaina es una ciudad universitaria animada y compacta, con uno de los ayuntamientos góticos más elaborados de toda Bélgica y una vida cultural muy activa gracias a su histórica universidad.
Amberes es la gran ciudad de la ruta: capital mundial del diamante, cuna de Rubens y con un casco histórico y un puerto que justifican sobradamente la visita.
Malinas es quizás la menos conocida de las cinco pero no la menos interesante. Una ciudad tranquila con una catedral impresionante, el Campanario más famoso de Bélgica y un ritmo de visita muy agradable.
Seguro de viaje para los Países Bajos
Antes de viajar a los Países Bajos os recomendamos contratar un seguro de viaje. Nosotros llevamos tiempo usando Heymondo y estamos contentos con la cobertura. Puedes consultar sus planes en su web, pincha en la foto.
Y ahora ya sabes lo imprescindible qué ver en Maastricht, en un solo día se pueden visitar dos basílicas románicas, recorrer murallas medievales, entrar a una librería instalada en una iglesia gótica y pasear por plazas con siglos de historia encima. Si tienes la oportunidad de incluirla en tu ruta por el Benelux o los Países Bajos, no lo dudes: Maastricht merece mucho más que una parada rápida.
Mastricht, Maastrich, Mastrich... La ciudad es la misma y merece la visita con todas sus letras o con alguna menos.

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