qué ver en Clisson: el pueblo francés que parece la Toscana

Si alguien te colocara en Clisson con los ojos cerrados y te pidiera que adivinaras el país en el que estás, no dirías Francia. Tejados de terracota, “campaniles”, fachadas ocre sobre el río. Todo apunta a Italia, pero estás en pleno Loira Atlántico, en la frontera histórica entre Bretaña y Anjou.

Hoy te queremos enseñar qué ver en Clisson, una localidad en la que la historia medieval y la fascinación italiana del siglo XIX conviven en el mismo espacio.

Visitaremos un castillo en ruinas que se impone desde lo alto, una colegiata que imita las basílicas de Roma, un puente del siglo XV sobre el Sèvre Nantaise. Nosotros lo visitamos en un día y dimos el tiempo por bien empleado. Si tienes pensado conocerlo, esperamos que este post te sirva de guía.

Índice del artículo
  1. Dónde está Clisson y cómo llegar
  2. Qué ver en Clisson
  3. Vídeo de Clisson
  4. Dónde dormir en Clisson
  5. Qué ver cerca de Clisson

Clisson

Dónde está Clisson y cómo llegar

Clisson se encuentra en el departamento de Loira Atlántico, a unos 30 kilómetros al sureste de Nantes, en el cruce entre Vendée y Anjou, en Francia.

Si vienes en tren los hay directos desde Nantes que tardan en torno a 16 minutos, y los que hacen paradas llegan en unos 35. Las salidas son frecuentes.

En coche son unos 35 kilómetros desde Nantes, y tardas poco más de media hora. Hay aparcamiento gratuito en la zona del castillo.

Vistas de Clisson desde el castillo

Qué ver en Clisson

El nombre de la ciudad viene de “clisse”, la empalizada de madera con la que se protegía el asentamiento primitivo en el siglo XI. Ese fue el origen de todo. Con el tiempo, la madera dio paso a la piedra, la piedra a las torres, y las torres a una de las fortalezas más importantes de la frontera bretona.

Pero Clisson no es solo medieval, ya que finales del siglo XVIII las Guerras de Vendée arrasaron la ciudad. El castillo fue incendiado, las iglesias, saqueadas y la villa quedó en ruinas.

La reconstrucción que vino después fue la que le dio su cara actual: la de ese pueblo que parece sacado de la Toscana. Esto es lo que qué ver en Clisson, en el orden en que lo recorrimos.

Vista del castillo de Clisson desde el río

El Château de Clisson

El castillo lo domina todo, y se ve casi cualquier punto del casco antiguo. Fue construido por la poderosa familia Clisson a partir del siglo XII, y en el siglo XV se convirtió en un punto estratégico que protegía el Ducado de Bretaña.

La forma original era un polígono irregular con torres redondas, ubicado sobre un afloramiento rocoso que domina el Sèvre Nantaise.

Muros del Château de Clisson

Foso del castillo de Clisson

Foso del castillo de Clisson desde arriba

Muralla de Clisson

Murallas del castillo de Clisson

Castillo de Clisson, Francia

No vas a encontrar los amueblados de sus vecinos del Valle del Loira como el de Chenonceau o de Chambord. Lo que vas a ver aquí es la arquitectura en bruto. Las murallas rotas, las torres abiertas y la sensación de estar paseando por una fortaleza que ha tenido una larga historia.

El Châtelet Avancé, la puerta de entrada al recinto primitivo data de principios del siglo XIII. La pieza más imponente es el donjon, el torreón del homenaje. Lo mandó construir Olivier V de Clisson, el señor más poderoso que tuvo esta familia, que llegó a ser condestable de Francia en 1380.

Entrada al castillo de Clisson

Vista de la entrada al castillos de Clisson

Chateau de Clisson, puerta de entrada

Entrada del castillo de Clisson

También puedes recorrer los restos de las viviendas y las puertas del recinto, la arquitectura defensiva como los puestos de los arqueros y de los cañones.

Tiene seis plantas: en la baja, dos estaban reservadas a los soldados; tres formaban las habitaciones de la familia señorial; y en la última, la guardia. El mismo Olivier V amplió también la residencia principal del castillo con sala de gala, chimeneas en cada planta, cuartos de baño y cocinas.

Francisco II, duque de Bretaña y padre de Ana de Bretaña, también vivió aquí. Fue él quien ordenó construir el mercado cubierto y el puente que verás más adelante.

Restos de las estancias del castillo de Clisson

Patio de armas del castillo de Clisson

Interior de la torre del castillo de Clisson

Patiio interior del castillo de Clisson

Restos del castillo de Clisson

Castillo de Clisson

La iglesia Saint-Jacques

Bajando del castillo hacia el centro, en seguida llegas a la iglesia Saint-Jacques. Fue un antiguo priorato benedictino fundado en el siglo XI y vinculado a la abadía de Saint-Jouin-de-Marnes, la iglesia está dedicada a Santiago el Mayor. Desde la Edad Media fue una etapa esencial en el itinerario que unía Nantes con Parthenay, acogiendo a los peregrinos en ruta hacia Santiago de Compostela.

Su arquitectura es sobria, de estilo románico: una nave, transepto, ábside abovedado y un campanario de planta cuadrada sobre el crucero. El edificio actual conserva su nave románica de finales del siglo XII, con una armadura del siglo XVI.

Fue aquí donde los habitantes de Clisson redactaron su libro de quejas en 1789, en vísperas de la Revolución. Después sirvió para proclamar las leyes y celebrar matrimonios civiles.

Las Guerras de Vendée la respetaron, pero quedó abandonado y poco a poco, a partir del siglo XIX, el transepto, el ábside y el campanario desaparecieron. Lo que queda es la nave, restaurada y convertida hoy en espacio cultural del ayuntamiento.

iglesia Saint-Jacques de Clisson

La colegiata Notre-Dame

A pocos pasos, se encuentra el principal templo que ver en Clisson: la colegiata Notre-Dame. Es el edificio que mejor resume el aspecto de Clisson, ya que es medieval en su origen, pero italiana en su forma actual.

colegiata de Notre-Dame, Clisson

Fue fundada por Olivier V de Clisson en los siglos XIV y XV, en el corazón de la ciudad amurallada. Las Guerras de Vendée la incendiaron y saquearon en 1793. Quedaron apenas algunos muros y el porche. Tras una restauración bajo el Imperio napoleónico, su estado general era tan malo que en 1886 se decidió demolerla casi por completo y reconstruirla desde cero.

El arquitecto se inspiró en la antigua basílica de los Santos Juan y Pablo de Roma. El resultado es lo que ves hoy: un "campanile" que parece sacado de la Toscana, una fachada tripartita con bellos tímpanos esculpidos y un interior con vidrieras neorrenacentistas y un notable fresco de 1930 de Georges Lusseau, que representa la Asunción de la Virgen.

Está inscrita en los Monumentos Históricos desde 2006. Es el elemento italiano más identificable de toda la ciudad, y la silueta que verás desde el río, con el castillo a su derecha, es una de las mejores postales que ver en Clisson.

colegiata Notre-Dame de Clisson

colegiata Notre-Dame de Clisson

Les Halles: el mercado cubierto

En la Place du Minage, justo al lado del castillo, está el mercado cubierto medieval. Es uno de los rincones más fotogénicos que ver en Clisson.

Lo mandó construir Francisco II, duque de Bretaña, en el siglo XV, para dar a la ciudad un espacio estable de comercio. La estructura está soportada por arcos de robles y castaños. No solo ha servido como mercado: fue también punto de encuentro durante eventos religiosos y escenario de los conflictos de las Guerras de Vendée. Curiosamente la madera no ardió.

Hoy acoge la terraza de un bar, exposiciones de arte y la oficina de turismo. Todas las mañanas se monta el mercado de frutas y verduras. Si puedes coincidir, merece la pena.

Les Halles de Clisson

La Sèvre Nantaise y el Pont de la Vallée

Bajamos ahora hasta el río, la ciudad está enclavada en la confluencia del Sèvre Nantaise y el Moine. Eso le dio durante siglos una importancia estratégica y comercial enorme.

Junto al río aún se divisan las estructuras que servían para encauzar las aguas y aprovechar su fuerza para mover las ruedas hidráulicas de los molinos.

La Sèvre Nantaise a su paso por Clisson

Cruzar el Pont de la Vallée es “obligatorio”. Lo mandó construir Francisco II en el siglo XV para unir los arrabales de la Trinité y Saint-Antoine con la ciudad amurallada. Fue declarado Monumento Histórico en 1922. Tiene seis arcos desiguales de granito, con cinco tajamares para desviar los troncos y lo que arrastra el Sèvre en invierno.

La entrada del puente, al pie del castillo, estaba cerrada por una puerta con puente levadizo, la llamada Puerta de la Vallée, encuadrada por dos grandes pilares cuadrados.

Párate en el centro del puente y mira hacia el pueblo. Tienes el castillo a la izquierda y el «campanile» de Notre-Dame recortado sobre el cielo. Es otra de las muchas panorámicas de Vlisson que te enamorarán.

Vistas del pont de la valee de Clisson

En verano, canoas y kayaks pasan regularmente por la zona, así que la visita a Clison tiene más alicientes que solo los monumentales porque la ciudad también se disfruta desde el agua.

Vistas de Clisson desde el puente

La Rue de la Vallée

Desde el puente, la Rue de la Vallée se abre hacia el barrio de la Trinité. Aquí se ve mejor que en ningún otro sitio la arquitectura rústica italiana que llegó tras las Guerras de Vendée.

Fue el escultor Frédéric Lemot, consejero personal de Napoleón, quien se enamoró de este paisaje a principios del siglo XIX y decidió traer Italia a Clisson.

Construyó al otro lado del río el parque de la Garenne Lemot, un jardín de inspiración toscana. Y su influencia se extendió por toda la ciudad. Es una calle para disfrutar sin prisas, las casas de teja rojiza, con las vistas al río entre ellas, entiendes por qué a Clisson le llaman "la italiana".

Rue de la Vallée, de Clisson

Vídeo de Clisson


Dónde dormir en Clisson

Nosotros nos quedamos en el Best Western Plus Villa Saint Antoine Hotel & Spa, y la ubicación no puede ser mejor. Está en pleno centro, a pie de los monumentos, con terraza frente al río Sèvre y con el castillo enfrente. Tiene piscina climatizada al aire libre, zona de spa con hammam y bañera de hidromasaje, y un restaurante donde comer con esas mismas vistas. Las habitaciones son de estilo contemporáneo y algunas tienen balcón con vistas al castillo.

Si viajas en familia o buscas algo más informal, el Ternélia Henri IV es un camping resort a unos 15 minutos de Clisson con cabañas y loft equipados, piscina al aire libre, petanca y bar con animación en verano. Aparcamiento gratuito y buena base para moverse por la zona.

Y si prefieres un hotel pequeño y sin complicaciones, el Hotel Rivella - The Originals Boutique es una opción de tres estrellas con jardín, terraza, parking privado y desayuno incluido. Tranquilo y bien situado.


Qué ver cerca de Clisson

Nantes se encuentra a 35 kilómetros de Clisson y merece muchísimo la pena que lo conozcas. El castillo de los Duques de Bretaña preside el centro histórico con una residencia ducal gótica por dentro. Justo al lado, la catedral de San Pedro y San Pablo guarda el sepulcro de Francisco II de Bretaña, el mismo duque que mandó construir el mercado cubierto y el puente que acabas de ver en Clisson.

El hilo entre las dos ciudades es más estrecho de lo que parece. Si tienes pensado pasar unos días en la zona, en nuestro post sobre qué ver en Nantes tienes todo lo que necesitas para organizarte.

El castillo justifica el viaje por sí solo a Clisson y el río con el puente y sus iglesias lo completan. Una visita a Clisson se puede hacer como excursión desde Nantes, pero si tienes la oportunidad, quedarte a dormir y ver el pueblo con las diferentes luces del día, cambia por completo y merece la pena.