Piedra, agua y vegetación. Eso es lo primero que te encuentras nada más entrar en el Pazo de Oca. Jardines con setos bien recortados, dos estanques enormes con una isleta en forma de barca tallada en piedra, flores por todas partes y el sonido del agua acompañándote en el paseo.
Por algo lo llaman el "Versalles gallego" o el "Generalife del Norte", nosotros entendimos por qué nada más cruzar la puerta.
Lo que se visita hoy es un conjunto de los siglos XVII-XVIII, aunque sus raíces son muchísimo más antiguas. Pertenece a la Fundación Casa Ducal de Medinaceli y está declarado Bien de Interés Cultural, así que está en buenas manos.
Cómo llegar al Pazo de Oca
El Pazo de Oca está en A Estrada, en la provincia de Pontevedra. Desde Santiago de Compostela, el Pazo de Oca queda a unos 24 km, en dirección Ourense.
Nosotros fuimos por la N-525 (25 km, unos 32 minutos), aunque también se puede coger la autovía Lalín-Santiago/AP-53, que tarda parecido. Si prefieres combinar carreteras, la opción AC-960 + N-525 es algo más larga, unos 40 minutos.
La historia que hay detrás del pazo de Oca
Nos gusta siempre saber un poco de la historia de los sitios que visitamos, y la de Oca tiene de todo: guerras, herencias, y un final feliz.
Todo empieza a mediados del siglo XV, cuando Álvaro de Oca y su hijo Suero eran los señores de estas tierras. Suero perdió una guerra contra el arzobispo de Santiago, Alonso de Fonseca, y el señorío se le confiscó. En 1564 pasó a manos de Felipe II, y en 1586 lo compró María de Neira, hija de un regidor de Santiago.
Fue su bisnieto, Andrés Gayoso Neira, quien empezó a transformar la vieja fortaleza medieval en el palacio que hoy visitamos. Su hijo Fernando siguió con las obras, y durante el siglo XVIII varias familias nobles fueron sumando títulos y patrimonio a la casa de Oca, hasta convertirla en una de las más importantes de la nobleza española de la época.
El pazo pasó por varias manos más —marqueses de Camarasa, condes de Moriana del Río— hasta llegar a Victoria Eugenia Fernández de Córdoba, XVIII duquesa de Medinaceli. En 1978 ella creó la Fundación Casa Ducal de Medinaceli y le entregó el palacio, junto con el resto de su patrimonio histórico. Y ahí sigue, abierto para que cualquiera pueda enamorarse de él como nos pasó a nosotros.
El Pazo de Oca forma parte de Red de Patrimonio Histórico deEspaña REPAHIS, una red que agrupa algunos de los castillos y palacios históricos privados más singulares de España. Como embajadores de esta iniciativa, nos hace especial ilusión poder descubrirte lugares tan espectaculares como este.
Visita al Pazo de Oca – Qué ver
Antes de entrar, un apunte práctico: unos metros más adelante del acceso al pazo de Oca hay un aparcamiento habilitado para poder visitarlo cómodamente, así que no hace falta dejar el coche lejos.
La Plaza
Lo primero que ves al llegar es la plaza delantera, que hasta bien entrado el siglo XIX fue el patio de labor del pazo. Ya no tiene esa función, se conserva tal cual era: un espacio con tres tipos de construcciones distintas: la capilla, el palacio y las viviendas, un claro ejemplo de la que reflejan en piedra cómo se organizaba la sociedad en el siglo XVIII.
Los edificios son épocas muy distintas, desde el siglo XVI hasta el XX. La torre y el cuerpo principal del palacio que vemos hoy son de reformas de principios del siglo XVIII, aunque se completaron a finales del XIX, cuando se transformó el balcón-corredor en galería y se construyó la escalera principal.
Detrás de las casas hay una construcción que llama la atención, parece un palomar. Hay un refrán que dice "capilla, palomar y ciprés, pazo es", y aquí los tres elementos están presentes. Tampoco puede faltar el cruceiro, como suele acompañar a las capillas gallegas, a pocos pasos de la entrada a la iglesia.
Comenzamos atravesando el zaguán que conserva dos puertas del siglo XVI, cada una con el escudo de una familia: los Luaces y los Neira
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El patio
Allí nos recibió Carmela, la guía, que nos dio un plano para recorrer los jardines y nos explicó el orden recomendado a seguir.
En el patio podemos admirar las fachadas interiores del pazo. Frente a nosotros la fuente central trilobulada, una de las cosas que se han mantenido en todos los diseños que ha tenido este patio a lo largo del tiempo.
La guía nos recomienda girar a la izquierda para comenzar la visita, y acabar en esta zona. Atravesamos el arco de piedra que nos lleva a los jardines.
Los jardines del pazo de Oca
El conjunto de Oca ocupa 22 hectáreas, de las cuales casi 8 están dedicadas a jardín. Es una extensión que se nota al recorrerlo: hay tiempo para perderse entre setos, estanques y rincones distintos sin cruzarte con nadie. En estos jardines conviven, en armonía, varios estilos que se han ido sucediendo con el tiempo: el renacentista, el barroco y el romántico.
Comenzamos paseando por una larga franja pegada a la fachada del palacio, y hace de unión entre el patio, más cerrado, y los jardines y huertas, más abiertos.
Los Estanques
Una de las zonas más sorprendentes de los jardines del Pazo de Oca es la de los estanques. Fueron diseñados a comienzos del siglo XVIII siguiendo un elaborado programa simbólico ideado por Andrés Gayoso, cuyo significado sigue siendo un misterio.
Está compuesto por dos estanques unidos. En la parte superior está el Estanque de las Virtudes, que simboliza la serenidad y el paraíso. En su interior destaca una elegante barca de pesca con naranjos plantados, aguas tranquilas y cisnes blancos.
El de la parte inferior es el Estanque de las Vanidades, y representa el mundo terrenal y las tentaciones. Aquí se encuentra una impresionante barca de guerra de piedra, decorada con elementos militares y heráldicos, que contrasta con la tranquilidad del estanque superior.
En los detalles también se nota la simbología: limoneros plantados aguas turbulentas y cisnes negros. Todo en Oca tiene un porqué, incluso las plantas y los animales.
Separando ambos espacios en el muro que divide los estanques se alza el Señor de la Sierpe, una de las esculturas más singulares del Pazo de Oca. La serpiente que lleva sobre el hombro sirve de conducto para que el agua fluya desde el Estanque de las Virtudes hasta el de las Vanidades, reforzando el simbolismo de todo el conjunto.
Los estanques ocupan el lugar donde antiguamente existía un molino de agua alimentado por el río Boo, y todo el conjunto está rodeado por un espectacular bojedal con más de tres siglos de antigüedad.
Las Fuentes
Si algo define a Oca es cómo está pensada la conducción del agua, decorativas pero necesarias para trabajar la huerta. De todas las fuentes, hay tres que destacan.
La Fuente de la Mona se llama así por la figura de animal que la decora. La Fuente de las Truchas es barroca con detalles neoclásicos, se construyó en 1776 y debe su nombre a las tres truchas que aparecen en el escudo de los Gayoso. Y la Fuente del Monumento, que según cuentan hacía las veces de pequeño teatro al aire libre, la encargó el Marqués de San Miguel das Penas en 1733 al mismo cantero que trabajó en las barcas de los estanques.
Avenida de los Tilos
La Avenida de los tilos es fruto de una reforma paisajística de 1866. El camino que une los estanques con el Bosque de Guillufe, fue ensanchado y se plantó una hilera de tilos cerrada por setos de boj. También cambió la antigua portada de piedra por una cancela de hierro.
Muchos más rincones especiales que ver en el Pazo de Oca
También paseamos por la zona del bosquecillo, donde hay un alargado estanque con una barca de madera y varios patos, situado junto a los altos muros que rodean el pazo. Desde aquí se disfruta de una bonita perspectiva de la capilla, que asoma al fondo entre la vegetación.

Un poco más abajo se encuentra un lavadero de finales del siglo XVIII, protegido por un tejado de madera a cuatro aguas sustentado sobre columnas achaflanadas.
Una de las paradas que más nos gustó fue el jardín de los cuentos. Se llega atravesando un túnel de boj, y una vez dentro vas descubriendo, estancia a estancia, distintas figuras de animales esculpidas en la vegetación. Es una zona pensada para sorprender, y desde luego lo consigue.
También pasamos por la zona de las camelias, aunque no coincidimos con su época de floración. La guía nos explicó que cada momento del año tiene su propia flor protagonista en Oca. Así que, si vais buscando ver las camelias en flor, o otras flores lo mejor es planificar la visita mirando las fechas de floración.
Oca siempre ha sido las dos cosas a la vez: jardín ornamental y huerta productiva, en ese equilibrio entre utilidad y belleza tan propio del siglo XVIII.
Y se nota: aquí conviven especies de gran valor botánico y plantaciones puramente decorativas, como su colección de camelias, con cultivos bien prácticos, como los kiwis, las viñas, variedades antiguas de manzanos, vides, pimientos de Padrón o tomates cherry.
La Era
Volvemos a la fuente del principio, y tras ella hay unas escalera que conduce al Portal de Cillobre, con los escudos de las familias Sotomayor, Moscoso, Parga y Mariñas. Este da paso a unas hermosas vistas del valle del Ulla.
Llaman la atención los parterres geométricos laterales haciendo curiosos dibujos. Y también el hórreo, típico de esta comarca.
El interior del Pazo de Oca
El interior del Pazo de Oca solo se puede ver con visita guiada, los viernes, sábados y domingos a las 11:00h, con reserva previa. No dejan hacer fotos durante el recorrido, así que toca confiar en la memoria.
Lo primero que nos sorprendió fueron las salas de juego, con trofeos de la primera expedición al Polo. Después fuimos pasando por estancias maravillosamente decoradas y habitaciones curiosamente todas con cuarto de baño, cada una conocida por el color que predomina en ella: la habitación rosa, la amarilla, y así varias más.
Una de las salas más curiosas es el Salón de los Cuatro Continentes, llamado así porque en la época en que se decoró solo se conocían cuatro continentes. Lo que parecen cuatro biombos en realidad son los tabiques de cuatro pequeñas habitaciones que había ahí antes. Hoy solo se conserva una de ellas tal cual era, y pudimos ver su cama y su mesita de noche.
También recordamos varias vitrinas con porcelanas, entre ellas dos vajillas que pertenecieron a las familias que han vivido en el pazo a lo largo de los siglos.
La capilla de San Antonio de Padua
La visita al interior también nos llevó hasta la capilla, pero por un camino distinto al que sigue quien entra desde la Plaza. Desde el palacio hay un pequeño paseo exterior elevado que comunica con la capilla, así que pudimos verla primero desde arriba, desde allí se puede bajar hasta el nivel de la iglesia por una escalera interior.
La capilla de San Antonio de Padua que vemos hoy se construyó entre 1731 y 1752, obra del arquitecto dominico Fray Manuel de los Mártires, autor también de la fachada de San Martín Pinario en Santiago.
En la fachada destaca la imagen de San Antonio de Padua en el nicho del segundo cuerpo, coronada por Santa Bárbara, y a ambos lados los escudos de quienes encargaron la obra: Fernando Gayoso de los Cobos y María Josefa de los Cobos Bolaño.
Los tres retablos del interior se contrataron en 1750 y la mayoría de las esculturas se atribuyen a José Gambino, una de las grandes firmas del barroco gallego. La excepción es la imagen principal de San Antonio de Padua, que podría ser obra de José Ferreiro. Los dos retablos laterales están dedicados a los apóstoles Santiago y San Andrés.
Los dos sepulcros laterales son los de Esteban de Junqueiras y su esposa Teresa Vázquez de Sotomayor. Estaban en un convento de Pobra do Caramiñal (A Coruña), y se trasladaron a la capilla de Oca en 1929, al quedar en ruinas tras la desamortización del siglo XIX.
El Pazo de Oca, escenario de cine
El Pazo de Oca también es un escenario habitual de cine. El rodaje más conocido es el de La piel que habito (2011), de Pedro Almodóvar, con Antonio Banderas, Elena Anaya y Marisa Paredes en el reparto, y que requirió 193 figurantes para la escena de la boda de Doña Casilda.
Pero no ha sido el único: por aquí han pasado también El aliento del Diablo (1993), de Paco Lucio y Manuel Gutiérrez Aragón; La noche oscura (1989), de Carlos Saura; El ataque de los muertos sin ojos (1973); Juan y Junior... en un mundo diferente (1970), de Pedro Olea. Las aventuras del marqués de Bradomín (1959), de Juan Antonio Bardem; e incluso una de las primeras, La casa de la Troya, ya en 1925.
Y no solo de cine vive Oca: también es un lugar habitual para la celebración de bodas, y no es difícil entender por qué.
Horarios y precios de visita del Pazo de Oca
Los jardines del Palacio de Oca abren todos los días de la semana.
Invierno (de noviembre a marzo): 10 a 14 horas y de 15 a 19 horas.
Verano (de abril a octubre): 10 a 14 horas y de 16 a 20:00 horas.
Estos datos pueden sufrir modificaciones por lo que te recomendamos que lo compruebes antes de ir en la web de la Fundación Medinaceli.
Entrada individual (jardines): 10€
Visita completa (interior del Pazo) 20€ Mínimo 15 personas. Grupos: 17€
Qué ver cerca del Pazo de Oca
Si el Pazo de Oca es vuestro punto de partida, tenéis mucho que explorar en los alrededores. o más obvio es Santiago de Compostela, a solo 24 km. La ciudad del Apóstol merece al menos una jornada completa entre la catedral, el casco histórico y el ambiente peregrino que lo impregna todo.
A unos 40 km hacia el sur está Pontevedra, una de las ciudades con el casco antiguo mejor conservado de Galicia, sin coches y con una vida de plaza que engancha.
Y si queréis combinar cultura y gastronomía, Cambados, capital del Albariño, queda a unos 50 km por la costa de las Rías Baixas.
Visitar el Pazo de Oca es mucho más que recorrer unos jardines bonitos. Es pasear sin prisas entre estanques, fuentes, esculturas y rincones que parecen sacados de un cuento. A cada paso descubres un nuevo detalle y entiendes por qué está considerado uno de los jardines históricos más espectaculares de Galicia.
Nosotros disfrutamos especialmente de la tranquilidad del lugar y del cuidado con el que se conserva todo el conjunto. Si estás recorriendo las Rías Baixas o haciendo una ruta desde Santiago de Compostela, creemos que es una visita que merece totalmente la pena. Reserva al menos un par de horas para recorrerlo con calma, porque el verdadero encanto del Pazo de Oca está en detenerse, observar y dejarse sorprender por cada uno de sus rincones.
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