Si hay un lugar en la Dordoña que resume de forma extraordinaria la historia de Francia, ese es el castillo de Bourdeilles.
No se trata de un castillo al uso, sino de dos edificios completamente distintos que conviven en el mismo conjunto: una fortaleza medieval del siglo XIII, compacta y puramente defensiva, y un palacio renacentista del siglo XVI, elegante y luminoso.
Visitamos este conjunto declarado monumento histórico en 1919 y salimos con la sensación de haber recorrido siglos de historia en poco más de una hora. Te contamos todo lo que vimos.
- Dónde está el castillo de Bourdeilles
- Historia del castillo
- Guía de la visita al castillo de Bourdeilles paso a paso
- El patio de honor
- Castillo medieval
- Castillo renacentista
- El exterior este y la muralla del río
- Video del Castillo de Bourdeilles
- Información práctica para visitar el castillo de Bourdeilles
- Que más ver en Bourdeilles
- Dónde dormir cerca del castillo de Bourdeilles
- Qué ver cerca del castillo de Bourdeilles
Dónde está el castillo de Bourdeilles
Bourdeilles es una pequeña localidad del Périgord Verde, en el departamento de la Dordoña, situada a orillas del río Dronne. Está a tan solo 7 kilómetros al suroeste de Brantôme y a unos 20 kilómetros al noroeste de Périgueux.
Se trata de uno de los pueblos más bonitos y mejor conservados de la región, y su castillo domina visualmente todo el conjunto desde un espolón rocoso que se asoma al río.
Historia del castillo de Bourdeilles
La historia del castillo de Bourdeilles es, ante todo, la historia de una familia. Todo empieza hacia el año 1000, cuando los caballeros que dieron nombre al lugar se instalan en este espolón rocoso sobre el Dronne y levantan una primera fortaleza con capilla.
En el siglo XIII, una disputa entre herederos abre la puerta a Géraud de Maulmont, amigo íntimo del rey de Francia Felipe el Hermoso, que se apodera de los bienes de la rama menor y construye entre 1283 y 1306 el castillo medieval que hoy visitamos. En 1307, a su muerte, Felipe IV toma posesión directa del lugar y lo convierte en fortaleza real.
Durante los siglos XIV y XV, Bourdeilles cambia de manos varias veces en el marco de la Guerra de los Cien Años. Los ingleses lo toman en varias ocasiones bajo el mando del Príncipe Negro, hasta que Bertrand du Guesclin lo devuelve a la corona francesa en 1377.
Si el nombre de Du Guesclin te suena, no es casualidad: este célebre condestable de Francia tiene su estatua en la plaza principal de Dinan, una de las villas medievales mejor conservadas de Bretaña.
En 1481 la familia Bourdeille reúne por fin los dos señoríos y comienza su edad de oro. El hermano menor de André, Pierre —conocido como Brantôme—, será póstumamente el cronista de las damas del Renacimiento. A finales del siglo XVI, Jacquette de Montbron, viuda de André, manda construir el palacio renacentista, que queda inacabado a su muerte en 1598.
En 1967, Robert Santiard y Suzanne Bulteau donan al departamento de la Dordoña más de 700 piezas de mobiliario y obras de arte que hoy llenan las estancias del palacio, convirtiéndolo en uno de los conjuntos más ricos de Nueva Aquitania.
Guía de la visita al castillo de Bourdeilles paso a paso
Dejamos el coche junto al río, cruzamos el puente y subimos por las calles de Bourdeilles hasta que, entre las casas, empiezan a asomar las gruesas murallas del recinto.
Para acceder al castillo hay que cruzar dos puertas: la primera, flanqueada por dos robustas torres, da paso a un camino entre murallas que conduce a la segunda, desde donde se accede directamente al patio de honor.
La visita se organiza de forma libre, con audioguía para el móvil disponible en varios idiomas. El recorrido natural lleva primero al patio de honor, desde donde se ve el conjunto completo, y luego se divide entre la fortaleza medieval y el palacio renacentista. Calcula entre hora y media y dos horas para verlo todo con calma.
El patio de honor
Nada más entrar al recinto, el patio de honor pone las cosas en perspectiva. Al sur, la fortaleza medieval: muros macizos, y sin lugar a dudas la zona que tuvo que servir de defensa.
Al norte, rodeado de jardines bien cuidados, el palacio renacentista, con sus grandes ventanas y su fachada decorada. El contraste entre los dos edificios es total y entiendes solo con mirarlos los tres siglos que los separan. Puedes comenzar por cualquiera de los dos.
Castillo medieval
Nosotros comenzamos visitando la parte más antigua del castillo de Bourdeilles. Accedemos a la fortaleza por una pequeña puerta y llegamos al patio de armas.
Lo primero que llama la atención son las seis troneras para arqueros distribuidas por los muros, con bancos de piedra integrados en las propias aberturas para que los arqueros pudiesen apoyarse durante el tiro. También hay una ballesta de torre, se instalaba en lo alto de las torres para defender los puntos de acceso más vulnerables del recinto.
El patio completa el cuadro defensivo con un pozo, muros de gran grosor, matacanes y, dominándolo todo, la torre del homenaje de 32 metros de altura. No hay duda de que estamos en el corazón de una fortaleza diseñada para resistir asedios.
Subimos a la sala señorial, el gran espacio público de la fortaleza medieval. Las separación moderna que ves en el medio indica la división que en la Edad Media había entre los espacios públicos y privados.
A un lado, el gran salón con chimenea monumental, donde el señor celebraba recepciones, banquetes y bailes. Al fondo, la cámara señorial, un espacio más recogido con decoración sobriamente esculpida.
Los muros cuentan con habladeros, o ventanas con asientos de piedra. Está, decorados con tres vanos geminados con óculos multilobulados, columnas y capiteles.
En la esquina de la cámara, dos puertas: una da a una sala defensiva con letrina; la otra, al pasillo cubierto de la parte superior de la vivienda.
💡 ¿Sabías que? En la Edad Media los castillos no tenían muebles fijos. El señor viajaba de fortaleza en fortaleza llevando consigo arcones con todo lo necesario: ropa, textiles para cubrir las paredes y utensilios domésticos. Cuando la tela que recubría los muebles se desgastaba, se tiraba el mueble entero. Por eso apenas ha llegado mobiliario medieval hasta nuestros días.
La torre del homenaje es el elemento más imponente de toda la fortaleza. En el primer nivel, hay una fosa de más de seis metros de profundidad que se usó como almacén y probablemente también como mazmorra. Cada sala es una posible zona de defensa independiente, lo que obliga al atacante a luchar habitación por habitación.
En el tercer nivel la función cambia radicalmente: dos ventanas de arco trilobulado, una chimenea y una letrina con ménsulas indican que estamos ante una sala de estar. El contraste con los niveles inferiores, puramente defensivos llama la atención.
En lo alto de la torre la vista recompensa el esfuerzo de la subida. El castillo se encuentra sobre un espolón rocoso sobre el Dronne, con visión de todo el territorio circundante.
Desde la terraza se ve también el pueblo de Bourdeilles, con los edificios dispuestos en arco, el puente medieval de siete arcos sobre el Dronne, y el antiguo molino señorial, una prensa de aceite y un batán para paños.
💡 ¿Sabías que? La escalera de caracol de la torre del homenaje gira hacia la derecha al subir. No es casualidad: así los defensores, que bajaban, podían manejar la espada con el brazo derecho libre junto al muro exterior. Los atacantes, en cambio, se veían obligados a luchar contra el lado estrecho, con el movimiento completamente limitado. Un detalle de ingeniería militar que daba una ventaja decisiva a quien defendía el castillo.
Castillo renacentista
Una vez disfrutado del antiguo castillo de Bourdeilles, nos dirigimos desde el patio de honor al palacio renacentista, construido sobre el solar del antiguo castillo baronal de los Bourdeille.
El contraste con la fortaleza medieval es total: grandes ventanas, fachada decorada, parterres en el jardín. La guerra ha quedado atrás y pueden permitirse pensar en la comodidad y la belleza.
El edificio fue levantado por Jacquette de Montbron a finales del siglo XVI y quedó inacabado a su muerte en 1598. Podrás ver los inicios de una galería que nunca se construyó.
El palacio renacentista tiene jardines a ambos lados que merecen un paseo por ellos. En la parte delantera, un jardín cuidado con parterres geométricos, pequeños árboles y setos recortados enmarca la fachada principal del palacio, con la torre del homenaje asomando al fondo como recordatorio permanente de que la fortaleza medieval está a pocos pasos.
En la parte trasera los jardines se abren hacia el río y las vistas son espectaculares: a un lado el Dronne y el pueblo de Bourdeilles a sus pies, y al otro la muralla medieval con la torre del homenaje.
En el interior del palacio del Castillo de Bourdeilles podrás ver la colección donada en 1967 por Robert Santiard y Suzanne Bulteau —más de 700 obras de arte y piezas de mobiliario de los siglos XV al XIX— convierte las estancias en un museo excepcional del arte de vivir a la francesa.
Tapices, arcones españoles, camas con dosel, objetos de orfebrería... cada sala es un viaje por el arte de vivir a la francesa en el Renacimiento y el Barroco.
Para sacarle el máximo partido a la visita, os recomendamos usar la audioguía: en la entrada os dan un código QR que podéis escanear con el móvil. Además de la historia, detalla cada sala, cada mueble y cada historia con una precisión extraordinaria. Está disponible en varios idiomas y convierte la visita en algo mucho más rico de lo que cualquier cartel podría explicar.
No os perdáis la cámara de Carlos V, una de las estancias más llamativas del recorrido. Su mobiliario de inspiración española —bargueños, taquillones, braseros, bufetes— refleja la pasión de Robert Santiard por el mobiliario español, y el nombre de la sala es un guiño a la historia: André de Bourdeille fue capturado por las tropas de Carlos V en 1553.
Vídeo del Castillo de Bourdeilles
Información práctica para visitar el castillo de Bourdeilles
El castillo de Bourdeilles abre de martes a domingo en temporada baja y todos los días en temporada alta, de 10h a 13h y de 14h a 18h.
Está abierto de febrero a diciembre con horarios variables según la época del año, por lo que conviene consultar la web oficial antes de ir.
La visita dura aproximadamente hora y media. Se puede hacer de forma libre con la audioguía incluida, disponible en varios idiomas. En verano se organizan también visitas guiadas, visitas nocturnas teatralizadas (muy recomendables, con reserva previa obligatoria) y un escape game de realidad virtual que lleva al visitante a cuatro momentos clave de la historia del castillo.
El castillo de Bourdeilles está gestionado por Semitour, junto con otros monumentos y espacios naturales de la Dordoña. Merece la pena echar un vistazo a su web para descubrir todo lo que ofrece la región.
Qué ver en Bourdeilles
Antes de marcharos, el pueblo de Bourdeilles merece un paseo tranquilo. A orillas del Dronne, bajo el castillo, hay un bonito paseo con grutas y rincones muy interesantes.
A pocos metros del castillo se encuentra el Château des Sénéchaux, donde André de Bourdeilles ejerció como senescal y gobernador del Périgord, ya que la fortaleza medieval resultaba demasiado austera para las funciones de representación del cargo.
El edificio, construido en el siglo XVI sobre los restos de un antiguo hospital para pobres de 1451, conserva torres con tejados de pizarra, arcos góticos, una celda, bodegas y, según dicen, un túnel secreto.
El puente es monumento histórico por derecho propio. Sus orígenes se remontan al siglo XIV, aunque fue reconstruido en gran parte en el siglo XVIII tras las grandes crecidas del Dronne de 1735. Sus siete arcos góticos sobre el río son el mejor punto para hacer una foto del conjunto del castillo reflejado en el agua.
Junto al puente se encuentra el molino señorial, que no ha sido modificado desde el siglo XVIII. Es propiedad privada, pero puedes verlo en la subida al castillo. Llegó a tener con molinos harineros, una prensa de aceite e incluso un batán para paños.
La iglesia de Saint-Pierre-ès-Liens se comenzó a construir en el siglo XV y XIX, a su lado hay una pequeña capilla, que fue durante siglos el lugar de enterramiento de la familia Bourdeille y un pequeño jardín de estilo medieval con cultivos en cuadros, plantas medicinales y hortalizas. Pero estaba vallado cuando fuimos.
Sus casas de piedra caliza, la iglesia, el puente de siete arcos sobre el Dronne y el antiguo molino señorial forman un conjunto medieval casi intacto que da mucho contexto a la visita al castillo.
Dónde dormir cerca del castillo de Bourdeilles
Bourdeilles es un pueblo pequeño, pero tiene alojamiento propio y las opciones en los alrededores son numerosas.
En el propio pueblo, el Hostellerie Les Griffons es la referencia clásica: una casa del siglo XVII entre el río Dronne y los dos castillos, con salones con muebles de época y techos con vigas. Para una experiencia más singular, en los alrededores hay varias casas rurales y chambres d'hôtes integradas en el paisaje del Périgord Verde.
Brantôme, a 7 kilómetros, amplía considerablemente la oferta de alojamiento y es un punto de partida cómodo para visitar la zona. Una opción interesante es el Moulin de L'Abbaye, un complejo con diferentes tipos de estancias, a cual mas interesante, a orillas del Dromme.
Qué ver cerca del castillo de Bourdeilles
La situación de Bourdeilles en el corazón del Périgord Verde lo convierte en un punto de partida perfecto para explorar la zona.
Brantôme está a apenas 7 kilómetros y es una visita imprescindible: su abadía benedictina del siglo VIII, sus cuevas rupestres y su situación en un meandro del Dronne le han valido el apodo de Venecia del Périgord.
Périgueux, a 20 kilómetros al sureste, ofrece un magnífico casco antiguo con restos romanos y medievales, y es la capital histórica del Périgord. Es una localidad que nos sorprendió muchísimo y su catedral es impresionante.
Si os interesa seguir explorando castillos de Francia en la Dordoña, la región es una de las más ricas del país. Bourdeilles es, junto con Biron, Beynac y Mareuil, una de las cuatro antiguas baronías del Périgord, y cada una de ellas tiene su propio castillo con historia.
El castillo de Bourdeilles es una visita que va más allá de lo puramente arquitectónico. La convivencia de dos edificios tan distintos en el mismo recinto obliga a pensar en los siglos que los separan y en la transformación radical que vivió Francia entre la Edad Media y el Renacimiento. La historia de la familia Bourdeille, sus alianzas, sus guerras y su declive, es un hilo conductor que da sentido a cada uno.
Si estáis recorriendo el Périgord o planificando una ruta por los castillos de Francia, Bourdeilles no debería faltar en vuestra lista. Es de esos lugares que no despistan con grandes aglomeraciones ni colas interminables, y que recompensan con creces.
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